lunes, 5 de agosto de 2013

NOVEDAD INNISFREE

HISTORIA MUNDIAL DE LA MEGALOMANÍA
PEDRO ARTURO AGUIRRE
ISBN: 978-1-909870-04-8
PRECIO: 25,00 €


¿Cuáles son estas huellas de identidad que el autor detectó en las sucesivas variantes de megalómanos que comenzó a estudiar hace más de 30 años? Entre el ramillete de cuentos verídicos desplegados ante nuestros ojos, podemos decantar esencias del mismo mal, algunas perfiladas desde un plano psicológico por Erich Fromm en “Anatomía de la Destructividad Humana”: narcisismo, necrofilia (contrario a la biofilia, según Fromm) egolatría, trastorno bipolar, verborragia, “mandato distorsionado del placer” (Lacan), delirio de grandeza, mesianismo, egoísmo, histrionismo, anhelo de inmortalidad, indiferencia ante el sufrimiento de sus semejantes y un instinto infalible para adaptarse a los nuevos tiempos, incluyendo las últimas tecnologías (Mussolini se valió del cine, Hugo Chávez usaba el Twitter a diario y se volvió experto en microblogging y en redes sociales; Mahmud Ahmadineyad diseñó para su pueblo iraní el Halai-Internet). En el fondo, todos los dictadores comparten la compulsión de compararse con los dioses, para lo que les basta ser “tan crueles como ellos”, sugiere el Calígula de Albert Camus.
Pero hay otro ángulo igualmente patético que se deduce de las historias de megalómanos y es el rol que juegan las masas populares en esta descomposición moral. Las multitudes súbditas de estos sátrapas quedan atrapadas en ciclos de denuncias preventivas, de purgas, de linchamientos colectivos contra los herejes del régimen, de adulación desproporcionada y ajena a toda crítica, de falsa conformidad, de disolución de los juicios analíticos simples y de un fenómeno psicosocial denominado por la ciencia cognitiva como paradoja de Abilene (una familia emprende un incómodo viaje a Abilene porque cada miembro de la familia cree que los otros quieren ir). Así, en las multitudes gobernadas por megalómanos, cada individuo no solo acepta una creencia absurda, que a su modo de ver todos los demás admiten, sino que reprime a los disidentes que no la aceptan, porque cree que el resto de la gente quiere su imposición. A todas luces de un engaño colectivo.

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